- ¿Qué es la rosácea y cómo reconocerla? - febrero 3, 2026
- Impétigo: qué es y cuándo consultar - febrero 2, 2026
- Bactrim en España: ¿cuál es su equivalente en farmacia? - febrero 1, 2026
El dolor articular afecta a millones de personas. Puede deberse a lesiones, enfermedades autoinmunes o simplemente al desgaste del tiempo. Aun así, su impacto es profundo. Limita la movilidad, altera la calidad de vida y, a menudo, genera dependencia de tratamientos.
Desde la reumatología, el dolor articular no se trata solo como un síntoma. Se analiza en profundidad. La causa, el contexto y la evolución definen el enfoque terapéutico. No se trata de “recetar por rutina”, sino de personalizar cada intervención.
El papel de los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs)
Los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) son una de las herramientas más utilizadas para controlar el dolor articular. Su acción inhibe las enzimas COX, reduciendo la producción de prostaglandinas, que inflaman y provocan dolor. Entre los más conocidos están ibuprofeno, naproxeno y diclofenaco.
Su eficacia está bien documentada. Alivian tanto el dolor agudo como el crónico. Pero deben usarse con precaución. Los efectos secundarios gastrointestinales, renales o cardiovasculares no son menores. Por eso, su uso prolongado debe ser supervisado.
¿Todos los dolores articulares se tratan igual?
No. En reumatología, la causa del dolor marca el camino. No es lo mismo una artritis reumatoide que una artrosis. Mientras la primera es autoinmune, la segunda es degenerativa. Los tratamientos, aunque similares en algunos casos, difieren en objetivos.
En artritis reumatoide, los AINEs ayudan con el dolor y la inflamación, pero no frenan la enfermedad. Para eso se usan FAMEs como el metotrexato, que protegen las articulaciones. En artrosis, los AINEs pueden aliviar síntomas, pero se recomiendan junto a ejercicio y control del peso.
Corticoides y biológicos: otros aliados desde la reumatología
Si hay inflamación intensa o un brote, el reumatólogo puede indicar corticoides por poco tiempo para controlar síntomas. En algunos casos se usan como apoyo mientras hacen efecto otros tratamientos. No se recomiendan de forma prolongada por sus efectos adversos.
En los últimos años, las terapias avanzadas han cambiado la reumatología. Los biológicos, como los anti TNF o algunos inhibidores de interleucinas, actúan sobre moléculas de la inflamación. También existen fármacos sintéticos dirigidos, como los inhibidores JAK, usados en enfermedades como artritis reumatoide y espondilitis.
Reumatología moderna: más allá del tratamiento sintomático
El objetivo ya no es solo calmar el dolor. Es evitar el daño articular. Prevenir la discapacidad. Recuperar la funcionalidad. Esto requiere diagnóstico precoz, seguimiento estrecho y ajustes constantes. La reumatología actual se basa en evidencia, pero también en cercanía al paciente.
El enfoque es integral. Incluye fisioterapia, control del peso, ejercicio adaptado y apoyo psicológico. Los fármacos son importantes, pero no lo único. La educación del paciente es clave. Saber cuándo usar un antiinflamatorio y cuándo no, puede marcar la diferencia.
Automedicación: un riesgo frecuente y peligroso
Muchas personas toman antiinflamatorios por su cuenta y los ven como inofensivos. El problema es que pueden enmascarar síntomas como fiebre y dolor, y eso puede retrasar la consulta, sobre todo si hay una infección. Además, el uso prolongado sin supervisión aumenta el riesgo de efectos adversos.
“En reumatología se recomienda consultar si el dolor dura semanas y se acompaña de hinchazón, calor o rigidez matutina, sobre todo si afecta varias articulaciones o manos y pies. En artritis inflamatoria, un diagnóstico temprano mejora el pronóstico. No todos los dolores se resuelven con medicación, algunos requieren estudio.
Conclusión: el arte de tratar el dolor desde la raíz
La reumatología no trata el dolor articular a ciegas. Lo estudia, lo entiende y lo combate desde su origen. Los antiinflamatorios son herramientas útiles, pero no universales. Su uso debe estar guiado por un especialista.
Consultar al reumatólogo no es una exageración. Es una inversión en salud, movilidad y calidad de vida. Porque detrás de un dolor, puede haber una historia que merece ser contada… y tratada.





