- ¿Se puede conseguir Wellbutrin en España? - enero 27, 2026
- Citalopram vs escitalopram: ¿en qué se diferencian? - enero 25, 2026
- ¿Fisioterapia para el dolor de espalda: pública o privada? - enero 15, 2026
Arcoxia es el nombre comercial de etoricoxib, un un antiinflamatorio no esteroideo (AINE) de la familia de los coxib. Está indicado para el tratamiento del dolor e inflamación en enfermedades crónicas como la artrosis, la artritis reumatoide o la gota.
¿Cómo actúa Arcoxia y en qué casos se receta?
Arcoxia pertenece a los inhibidores selectivos de la enzima COX-2. Esta enzima participa en la producción de prostaglandinas, sustancias que provocan inflamación, fiebre y dolor. Al inhibir la COX-2, Arcoxia reduce la inflamación sin afectar tanto la mucosa gástrica. Por eso, suele ofrecer una mejor tolerancia digestiva en comparación con otros AINEs.
¿Para qué sirve Arcoxia?
Arcoxia está indicado para tratar distintos tipos de dolor crónico e inflamación, como:
- Artrosis
- Artritis reumatoide
- Espondilitis anquilosante
- Gota aguda
- Dolor agudo tras cirugía dental (en dosis cortas)
Su acción es rápida. Una dosis diaria puede aliviar el dolor durante 24 horas. Sin embargo, su uso prolongado debe evaluarse con precaución médica.
Beneficios frente a otros antiinflamatorios
Una de las principales ventajas de Arcoxia es su menor impacto gastrointestinal. A diferencia del ibuprofeno o naproxeno, no afecta tanto la producción de mucosa gástrica.
Además, no requiere múltiples dosis al día. Esto mejora la adherencia al tratamiento en pacientes con enfermedades reumáticas.
En estudios clínicos, Arcoxia ha demostrado eficacia comparable a otros AINEs con mejor tolerancia gástrica. Esto lo convierte en una opción atractiva para pacientes con dolor persistente.
También es útil cuando hay riesgo de sangrados digestivos o úlceras. Pero su seguridad cardiovascular sigue siendo motivo de debate.
Riesgos, efectos secundarios y precauciones
A pesar de sus beneficios digestivos, Arcoxia no está exento de riesgos. El principal es el aumento de eventos cardiovasculares, como infartos o ictus. Este riesgo se incrementa en personas con hipertensión, antecedentes cardíacos o factores de riesgo como tabaquismo o diabetes.
También puede elevar la presión arterial. Por eso no se recomienda en pacientes con hipertensión no controlada. Otros efectos secundarios comunes incluyen retención de líquidos, dolor de cabeza, mareos y malestar digestivo.
Su uso debe evitarse en personas con enfermedades cardíacas graves, insuficiencia renal o hepática. Tampoco se recomienda durante el embarazo o lactancia.
Uso responsable y evaluación médica
Arcoxia debe usarse con receta médica. No es adecuado para el tratamiento ocasional del dolor leve. Está pensado para cuadros crónicos o inflamatorios concretos. Los pacientes deben someterse a controles periódicos si toman Arcoxia por más de unas semanas. Especialmente para revisar la tensión arterial y la función renal.
No debe combinarse con otros antiinflamatorios ni con anticoagulantes sin supervisión médica. Tampoco se debe consumir alcohol en exceso durante el tratamiento. Antes de iniciar el tratamiento, el médico evaluará el perfil cardiovascular del paciente. Si el riesgo es alto, se suele optar por alternativas más seguras.
Disponibilidad de Arcoxia
Arcoxia (etoricoxib) se comercializa por Merck & Co. en más de 60 países. Está aprobado con receta médica en la Unión Europea, el Reino Unido y en gran parte de América Latina, incluyendo México, Argentina, Chile y Perú.
En cambio, en Estados Unidos, Arcoxia no ha sido aprobado por la FDA debido a preocupaciones sobre su seguridad cardiovascular. Por ello, no está disponible en farmacias estadounidenses.
La disponibilidad, la dosificación y las indicaciones pueden variar según la normativa de cada país. Por esta razón, siempre se recomienda consultar con un profesional sanitario local.
Conclusión: ¿es buena opción para el dolor crónico?
Arcoxia puede ser útil en casos seleccionados. Tiene ventajas frente a otros AINEs, especialmente en pacientes con problemas gástricos. Sin embargo, no es una solución para todos. El riesgo cardiovascular obliga a evaluar caso por caso. La clave está en el equilibrio entre beneficio y riesgo.
Consultar con su médico o especialista es esencial antes de iniciar el tratamiento.





