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La urticaria es el nombre médico de unas ronchas que suelen picar y aparecer en brotes. En muchos casos es un episodio limitado en el tiempo, pero cuando se alarga o se repite conviene cambiar el enfoque y descartar otras causas.
Urticaria: causas y tratamiento en pocas palabras
La urticaria puede durar desde horas hasta semanas, y la primera gran pista para entenderla es el tiempo que se mantiene. Esa duración ayuda a diferenciar un brote puntual de una urticaria que se convierte en un problema recurrente.
| Tipo | Duración | Qué sugiere |
|---|---|---|
| Aguda | menos de 6 semanas | episodio puntual |
| Crónica | más de 6 semanas | valorar estudio |
En un episodio agudo, a veces se relaciona con alergias, infecciones recientes o algunos fármacos, y en otras ocasiones no se identifica una causa única. La guía de la AEDV resume bien esta idea y también recuerda que ciertos antiinflamatorios pueden empeorar algunos cuadros.
También existen formas desencadenadas por factores físicos (por ejemplo, frío, calor o presión), que tienden a repetirse cuando aparece el estímulo.
Urticaria: causas y tratamiento cuando dura más de 6 semanas
Si las ronchas o la hinchazón aparecen de forma repetida y se prolongan más de 6 semanas, se habla de urticaria crónica. En este escenario, con frecuencia no hay un “culpable” claro y no siempre se trata de una alergia clásica.
Dentro de la urticaria crónica, puede ser espontánea (sin desencadenante evidente) o inducible (cuando un estímulo concreto, como la fricción, el ejercicio o cambios de temperatura, precipita el brote). Esta distinción importa porque condiciona qué preguntas hacer y qué medidas suelen ser más razonables.
El diagnóstico se apoya sobre todo en la historia clínica: cómo son las ronchas, cuánto duran, si hay hinchazón, y qué parece empeorar los brotes. Las pruebas, cuando se piden, suelen ser dirigidas, porque hacer muchas analíticas sin una hipótesis clara rara vez aporta respuestas útiles.
Cómo reconocer la urticaria y cuándo puede ser una urgencia
Las lesiones típicas son habones (ronchas elevadas) que pican, aparecen y desaparecen, y cada una suele durar poco tiempo antes de desvanecerse. Entre brotes, la piel puede volver a la normalidad, lo que ayuda a diferenciarla de otros problemas cutáneos más persistentes.
A veces se acompaña de angioedema, una hinchazón más profunda bajo la piel que suele afectar labios o párpados y puede tardar más en resolverse que las ronchas. Aunque impresiona, no siempre implica gravedad por sí misma, pero sí cambia la valoración clínica.
Si además de ronchas hay dificultad para respirar, opresión en el pecho, mareo intenso o hinchazón de lengua o garganta, el cuadro puede ser grave y requiere valoración urgente. En esas situaciones no conviene esperar a que “se pase solo”.
Qué tratamientos se usan y por qué no todos son iguales
En la práctica clínica, el tratamiento más habitual para controlar el picor y las lesiones son los antihistamínicos H1, especialmente los de segunda generación, porque se consideran menos sedantes que los más antiguos en muchas personas. El objetivo es reducir el impacto de los brotes en el día a día, no “curar” con una única medida.
En urticaria crónica, algunos antihistamínicos concretos (por ejemplo, cetirizina o loratadina) figuran con indicaciones de alivio sintomático en su documentación oficial. Cuando no se controla, los especialistas pueden ajustar el manejo de forma escalonada y, en casos seleccionados, valorar tratamientos biológicos.
Los corticoides orales se reservan para situaciones concretas y por tiempo limitado, por sus posibles efectos adversos. Además del tratamiento farmacológico, suele ser clave identificar patrones: qué lo empeora, si hay fricción o presión sobre la piel, cambios térmicos o un medicamento que coincide con el inicio del problema.
Este texto es orientativo y no sustituye el consejo médico. Revisa siempre el prospecto y sigue las indicaciones de tu médico o farmacéutico.



